Aprecio la vida que hay en mí, la persona que soy, la energía que siento, mi potencial y logros, mis aciertos y fracasos, mis aprendizajes y capacidades.
Ningún ardor, ningun heroismo, ningún pensamiento o sentimiento por intenso que sea, puede conservar una vida más allá de la tumba; todo el esfuerzo de los tiempos, toda la devoción, toda la inspiración, todo el brillo a pleno sol del genio humano, están destinados a la extinción en la vasta muerte del sistema solar; y el templo entero de los logros del Hombre debe quedar inevitablemente enterrado bajo los restos de un universo en ruinas.